Informe especial de Peter
Bain and Phil Taylor
Este
artículo presenta una crítica profunda de los autores Fernie y
Metcalf, en la que consideran que el centro de atención
telefónica se caracteriza por el funcionamiento de un
"panóptico electrónico” en el que se supervisa a sus
empleados. Sobre la base de pruebas en un centro de
llamadas los autores analizan la importancia de las nuevas
formas de resistencia de los empleados.
Panóptico:
en resumidas cuentas la idea o noción de panóptico tiene dos
premisas, control jerárquico y obediencia debida. La teoría fue
pensada desde lo carcelario, pero expandida por un estudio elaborado
por el francés Michael Foucault. Esta expansión desperdigó la
noción panóptica en numerosos campos de la sociedad, entre ellos el
laboral, y más concreta y contemporáneamente el que nos aqueja: los
call center.
El
panóptico basa su elaboración en una idea firme: la repetición del
control sobre las actividades de una persona termina por generar una
doble conciencia en esa persona. Esa doble conciencia hace que quien
está siendo constantemente vigilado y corregido, llegue a un punto
en el que no necesita que lo corrijan, puesto que le han estropeado
su voluntad de decisión de manera tal que ahora ya se controla a sí
mismo. Este tipo de práctica automatizada, que genera
comportamientos robóticos en las personas y dificultades de
establecimiento de una personalidad autónoma, se puede ver reflejado
en toda una serie de normativas caprichosas a los que los call
centers someten a sus empleados. Dentro de esta normativas hay
ejemplos como: eliminación de muletillas (sean tremendamente
frecuentes o simples recursos verbales), eliminación de acento (en
caso de llamadas a otros países se usa frecuentemente), orden rígido
de llamadas (pedir datos a pesar de que ya los sabemos es un ejemplo
obvio y sencillo de este comportamiento innecesariamente exigido),
implementación de la denominada “venta agresiva” (“táctica”,
si así se le puede denominar, de marketing que nunca acepta un no
como respuesta y que modifica sensiblemente la actitud del operador,
quien a veces sí aceptaría un no como respuesta).
Este tipo
de comportamientos son apenas un extracto de la intensidad de las
restricciones que se pueden encontrar en un call center. Desde la
fría obsesión que demuestran por no tener gente desconectada de
línea (obsesión que los lleva a atropellos irresponsables como
determinar “horarios para ir al baño”, cuando siquiera los hay),
hasta la siempre constante frase favorita de los call centers: “tenés
que mejorar, esto es muy dinámico”. Si uno vende, debe corregir su
acento, si corrige eso debe corregir que sus llamadas no duren tanto
tiempo, si corrige eso debe corregir que la cantidad de clientes que
aceptan oírlo en la llamada (gente que en términos prácticos lo
que hace es no cortar o no insultar al oír el nombre de la empresa
para la que el operador trabaja) tenga su correlativo con la cantidad
de gente a la que se logra venderle (le llaman Eficiencia o
Productividad, un eufemismo que significa algo así como “cantidad
de estafados/ingenuos”).
Desatendiendo
clientes
Y sino se
trata de ese caso, se trata de un caso de “atención al cliente”
(entre comillas porque lo último que se hace es atender al cliente,
el centro de la preocupación es que la empresa salga indemne e
intacta ante cualquier reclamo, eso es parte de la operativa, los
manuales piden explícitamente que no se hable mal ni se permita
“pronunciar en vano” el santificado nombre de la empresa
contratante).
Cuando los
operadores hacen atención al cliente, el parámetro base es la
resolución de la llamada. “Resolución de la llamada” no
significa que el cliente se quede contento, no necesariamente.
Resolución significa cortar, nada más. Entonces lo que se persigue
durante el reclamo que un cliente hace es lograr que el tipo corte lo
antes posible. Para lograr este objetivo al operador que trabaja en
“(des)atención al cliente” generalmente dispone de dos bonos,
primas o extras en su sueldo. Esto de los bonos/primas/extras es una
práctica común en los call center. En el call te pagan un pedazo de
tu sueldo (el mínimo legal generalmente) en efectivo, y luego te
dicen que ellos “son tan buenos” que te ofrecen “un dinero
extra” para que vos no cobres tan poco. Ese dinero extra está
sometido a controles a los que generalmente el operador no tiene
acceso, por lo tanto el que termina decidiendo cuánto vas a cobrar
es tu supervisor casi siempre (luego contaré mi experiencia, triste
y divertida). Ese dinero extra del que estoy hablando, a los
operadores de (no)atención al (idiota)cliente se le paga por dos
parámetros que le son medidos y controlados: uno de ellos es lo que
denominan por lo general “Calidad de la llamada” y el otro es la
mencionada “Resolución de la llamada”.
Los vamos a
deconstruir para que veamos de qué se componen:
“Calidad
de llamada” en cualquier escuela primaria sería algo así como
corroborar si la llamada se escucha bien o si hay problemas de audio
o demás. Bueno, en un call center no, en un call “calidad de la
llamada” significa controlar exhaustivamente si el simio con vincha
que tengo atendiendo el teléfono leyó textualmente cada palabra del
manual que le puse delante de sus ojos para que se memoricen las
porquerías con las que tienen que justificar los errores de la
empresa.
Por
ejemplo, un pedacito chiquito de una estructura de las que te ponen
en un manual es: 1/ Presentación: Bs días/tardes/noches, mi nombre
es Simio-con-vincha-en-qué-puedo-servirle. Vale puntualizar que los
que sirven son los sirvientes, pero te piden (exigen a riesgo de
sanción si no lo hacés) que lo digas, un consejo que podemos dar es
que no digas Bs días al final de tu presentación, porque te
sancionan, es gravísimo... o peor aún, te puede pasar que no te
sancionen pero que te digan algo así como “por esta vez te lo
dejamos pasar, pero sólo por esta vez”, como si te estuvieran
dejando pasar un delito, cuando lo único que hiciste fue cambiar el
puto orden de un puto saludo que al tipo que llama ni siquiera le
interesa oír porque está que vuela de rabia porque la puta empresa
le roba cada puto billete y con un servicio deficiente.
En ese
saludo que te exigen recomiendan que hagas escribí separando con
guíones y no con espacios porque en realidad lo que uno termina
haciendo con esa palabra compuesta de muchas palabras es
automatizarla completamente al punto tal de que, 1: no te interesa
una mierda si le podés servir para algo al desgraciado que te llamó;
y 2: terminás diciendo algo así como enquépuedoservirle, todo
junto, y esto porque el segundo parámetro de evaluación del
comportamiento de un simio con vincha en desatención al estafado.
Segundo
Parámetro: ya lo mencioné, es el parámetro denominado eufemística
y ridículamente “resolución de la llamada”. Este parámetro
exige sí o sí, que todas y cada una de las llamadas que el mono con
vincha recibe tengan un promedio de tiempo por llamada que se habla.
Grafiquemos, por ejemplo: si te llaman 10 personas, y hablás 2
minutos con cada persona, tu promedio de tiempo hablado por llamado
es de dos minutos. Bueno, al primate colgado de la vincha se le pide
que su tiempo promedio de “Resolución de la llamada” sea un
número determinado, por ejemplo un minuto y medio. Y si está por
encima de ese promedio simplemente no le pagan su bono/prima/dinero
extra por concepto de “Resolución de la llamada”.
Esto genera
dos cosas, 1 que el chico que atiende telefónicamente un reclamo
termine hablando todo a velocidades increíbles a punto tal de que no
se le entiende un carajo, por eso lo que comentábamos del
“enquépuedoservirle” que se termina automatizando, porque tratan
de hablar lo más rápido posible para no perder su bono por (sacarse
de encima) Resolución de la llamada.
El
asesor telefónico, culpable hasta que se demuestre lo contrario
El otro
problema que generan es el motivo principal por el que hablamos de
Desatención al estafado cuando hablamos de supuesta Atención al
cliente, y es que en realidad, lo último que se hace es oír el
reclamo que está llegando. Quien atiende está preocupado en que el
llamado no se le haga largo, entonces resume toda la información que
tiene para dar, la dice rapidito y si no se entiende no importa,
termina no importando. Ahí tenemos otro dilema, porque si no se
entiende después viene un rezongo de supervisión porque “no te
supiste hacer entender”, pero claro, si te tomás el tiempo
necesario como para que te entiendan también viene un rezongo de
supervisión “porque estiraste el llamado para recibir menor
cantidad de llamadas”. Es una ecuación en la que el que trabaja
siempre pierde y es orinado por su supervisor, que termina teniendo
el rol de un carcelero malvado y déspota, cruel como pocos. Nunca se
le da al operador eso que en las leyes se llama “el beneficio de la
duda” y que puede resumirse en “sos inocente hasta que se
demuestre lo contrario”. En los call center sos culpable hasta que
se demuestre lo contrario, siempre se sospecha que el teleoperador es
un vago avivado que quiere descansar, el operador nunca tiene buena
intención ni ganas de hacer bien su tarea. Esa es la base de la que
parten los supervisores a la hora de evaluar, así que nosotros, como
teleoperadores, nos podemos tomar la libertad de suponer que los
supervisores nunca quieren lograr un buen clima laboral, sino que lo
que persiguen es romperle las bolas resentidamente a todos sus
supervisados, mandonearlos, humillarlos y creer que pueden controlar
sus vidas.
Pero
¿saben qué es lo más gracioso? El carcelero cobra
por los mismos objetivos que cobra el simio con vincha, entonces
también está presionado, y también recibe el mismo tipo de meadas
que recibe el primate que atiende el teléfono. Al carcelero, su jefe
(un jefe de planta, generalmente) le dice cosas como “tu grupo
habla demasiado” o “tu grupo maltrata a la gente”, y es ese el
motivo por el cual al operador telefónico le taladran la cabeza con
esas métricas, porque para eso le pagan a la persona que hace eso.
Esto no exime de culpa a un supervisor, pero sí nos da una idea más
amplia del tipo de organización jerárquica de estas empresas.
Es
una organización en la que el que está arriba siempre presiona al
que tiene directamente abajo, y esa presión baja hasta el operador
telefónico, que es el único que (a menos que se trate de ventas) no
puede presionar a nadie.
1 comentario:
gracias por la información! Interesante
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