
Le dicen “capa” para que suene a cosa simpática y bonita. No es más que un alistamiento de tropas, no es más que un lavado de cerebro. Casi como introducir una aspiradora en tu cráneo y lobotomizarte enterito, el brain-washing te pudre el bocho, te convierte en una máquina repetidora de comportamientos y te hace un tatuaje con un speech indeleble al que le vas a tener que rendir una sumisión religiosa.
Te van a adoctrinar bellezas del marketing como la “venta agresiva”, la “escucha activa” y la “sonrisa telefónica”, la capacitación es el proceso de encapsulamiento de un cerebro, que queda embalado y pronto para freír adentro del aceite hirviendo, adentro del Call Demente.
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