Esa competencia eterna contra “enemigos” o “contendientes” divide nuestra esencia, nos despersonifica. Usted ya no será Juan Pueblo, ni el callcentero número 129, por ejemplo. Usted ahora será (preste atención a su nuevo nombre) “Juan Pueblo, del grupo tanto, en la plataforma tanto, en el turno tanto, en el call center de la empresa tanto, en la ciudad tanto, en el país tanto”. Todas esas son sus nuevas facetas, sus nuevas divisiones de usted por sí mismo. Por eso hablábamos hace poco de “enemigos solidarios”. Usted deberá competir contra el de al lado, porque el que está al lado suyo, ese de quien usted sabe hasta cuánto calzan sus zapatos, es también un “enemigo” o “contendiente” a quien usted deberá aprender que debe superar.
Luego usted, deberá trabajar aliado con ese enemigo solidario que en el párrafo anterior era solamente “enemigo” a secas. Deberá trabajar codo a codo con él para poder superar al grupo que tienen al lado, que es casi lo mismo como la familia de su vecino. Si usted mañana se levanta y ve que su vecino se compró un auto, usted va a tratar de igualarse por lo menos ante él. A ver, puede suceder que a usted le chupe bien un huevo que su vecino se compre un trasatlántico y lo estacione en la puerta de su casa de 8 pisos. Pero si a usted le chupa un huevo eso, usted tiene una vida breve adentro de un call center. Porque el call center mismo se encarga de filtrar a ese tipo de personas, que no tienen ganas de pasarle por arriba a todo lo que se le pone al lado, que no compiten como norma y actitud de vida.
La dilución del ser colectivo sigue, porque luego usted deberá competir contra los grupos de otra plataforma. Esto es porque en un mismo call center hay varias plataformas, que sin demasiado criterio son seleccionadas y hasta puede que tengan nombres, para hacer las distinciones que buscar la competición, más evidentes aún.
Es entonces como, de buenas a primera, ahora resulta que el subgrupo de al lado, que hace un párrafo era su enemigo y al que había que superar, se convierte en un aliado para esa tremenda pelea que significa tratar de derrotar a “los de la otra plataforma”. Esos a los que su supervisor va a mencionar como “los estúpidos”, “los dementes” o cosas peores. Incluso usted será testigo de cómo su supervisor dice cosas del estilo de “el otro día tuve que entrar a esa plataforma asquerosa para ir a buscar un papel... no saben lo que es eso... no saben lo afortunados que son de estar acá. Esa gente está toda demente, los maltratan, se la pasan gritando... son un caos”.
Bien, más que suficiente, la otra plataforma es un sinónimo de alguien venido a otro país prácticamente.
El call center fomenta la xenofobia del microterritorio. Pues en un espacio que no llega a tener 100 metros de distancia, ahora resulta que si X pertenece a “la otra plataforma”, X es estúpido, demente y está en nuestra plataforma porque quiere perjudicarnos. X es un agente invasor, un infiltrado que trata de hacer que nuestra productividad baje. X vino hasta nuestra plataforma diciendo que en la suya el baño está tapado y por eso tiene que usar “el nuestro”, pero lo que en realidad oculta es que vino para espiar cuántas ventas tenemos anotadas en nuestro pizarrón en el día de hoy. Va a espiar eso y va a llevar la información para allá, dónde la van a usar, de alguna forma, para generarnos algún perjuicio y poder vender más que nosotros!!! Oh, qué terrible. Maten a X, que no salga con vida de aquí!!!
Esto puede resultar absurdo o hasta gracioso si uno se lo lee después de haber fumado alguna porquería. Pero no es más que una casi exageración del proceso que hay en nuestra cabeza. Cuando una parejita se forma dentro del call center, y sus agraciados enamorados pertenecen a diferentes plataformas, lo que el resto interpreta nos hacen acordar a Romeo y Julieta, cuando el amor vence el odio de dos familias eternamente rivalizadas y enfrentadas.
Ahora bien, todo este enfrentamiento se olvida cuando lo que nos ponen enfrente es “el otro turno”. “El otro turno” significa el mismo call center en otro horario. Es entonces cuando toda esa plataforma enemiga que queremos desaparecer de la faz de la tierra, pasa ahora a ser nuestra amiga. Porque ya dijo Maquiavello que “El enemigo de mi enemigo es mi amigo”.
Una nueva división dentro de mí, una nueva cosa a la que pertenezco y para la que colaboro al mismo tiempo que le compito.
Ese territorio ajeno y raro, con clima y actitud hostil para mí, ese territorio extranjero que era “la otra plataforma” es ahora un territorio hermano al que me uno para erradicar la amenaza del otro turno. Y si un compañero mío se va para ese otro turno, estaremos hablando de un desertor de la causa.
Todo el tiempo fragmentado, parcelado, segmentado. Como círculos concéntricos que se autocontienen, todo el tiempo pertenezco a una estructura superior de socialización con la cual debo competir y con la cual debo trabajar unido para competir contra otra estructura superior de socialización con la cual voy a hacer el mismo procedimiento: competiré con ella para, al mismo tiempo, ayudarla y que me ayude a competir contra otra estructura más grande todavía.
En Atento Montevideo nos terminaron educando que había que odiar a Atento Bogotá. Yo nunca hablé ni de rebote con un Colombiano, pero siempre siempre siempre, siempre nos decían “en Bogotá, tienen los mismos clientes y binchas que acá, y venden el doble”. Yo nunca pude comprobar si vendían el doble, pero me lo dijeron tantas veces que por algo debe ser. Capaz que no llegan a vender el doble que “nosotros” (mi familia de enemigos solidarios) pero supongo que puede que vendan más. Tengo/tenemos que superarlos!
La estructura es lo que el psico-sociólogo Pichón Riviere describió como “Estructura agresiva hacia fuera y colectiva hacia adentro”. Esto significa que empezando desde la propia persona de uno mismo, todo lo que aparece hacia afuera (el de al lado, el grupo vecino, la otra plataforma, el otro turno, el otro call) es merecedor de ser superado, agredido y derrotado. Pero cuando lo miramos hacia adentro, es decir, comenzando desde lo más grande, el call center en general, como la empresa tal o cual y bajando de escalones en orden de tamaño (el call en tal país, tal turno en tal call de tal ciudad, tal plataforma en tal turno en tal call y todo así) lo que tenemos es un proceso de colectivización de competidores. Es entonces que vemos que tal grupo en tal plataforma de tal turno de tal call en tal ciudad tiene tales características o promedios de ventas.
La persona es hiper dividida, la personalidad encuentra el conflicto de pertenecer a estructuras contra las que pelea pero que al mismo tiempo compone. Es entonces que deseamos que el de al lado siempre venda menos que nosotros, pero al mismo tiempo queremos que venda, porque si el también vende vamos a poder derrotar al otro, que también está al lado pero un poquito más lejos.
Eso es ideología de call center, es un call center haciendo ideología. Y ese nivel de divisionismo, hace que las personas no se sientan unidas por un todo. Por eso los sindicatos son útiles adentro de un call center, porque traspasan las barreras competitivas que dicen “competí con el de al lado” y también dicen “deseale que le vaya bien al de al lado”, porque las dos cosas te sirven, supuestamente.
El sindicato no mira grupos, plataformas ni turnos. Se caga en procedencias y ve todo como un mismo trabajador, cuyos derechos son siempre iguales y cuya unión es una sola. Unidos tiran para adelante. Y no por partecitas y peleándose entre todos pero mostrándose unidos para afuera del subgrupo y todo así.
No hay que caer en la idea que es funcional al call center, de que somos elementos aislados. Acá hay un sólo grupo de personas, y están unidos por su condición: ser precarizados, ser callcenteros, ser sometidos a un empleo altamente disciplinante y desgastante. Pelear la contra y tratar de tener un equilibrio entre trabajo y vida, equilibrio que al call center no le interesa que el trabajador tenga.
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