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A diario sucede que estamos
demasiado atareados y de repente suena el teléfono. Atendemos. Del otro lado
una voz amable nos dice frases al estilo de “Buenas tardes, usted ha sido
seleccionada por una destacada empresa internacional para acceder a importantes
descuentos en la compra de variados productos. Solo por hoy usted tendrá la
oportunidad de…”. Colgamos. Del otro
lado de la línea una persona realizará esta misma llamada cientos veces, todos
los días; o bien, atenderá las quejas de los clientes furiosos que reclaman por el mal funcionamiento de algún servicio.
Esta escena se repite a menudo desde
hace casi 10 años, cuando los call
centers comenzaron a instalarse masivamente en nuestro país. Se trata de
centros de llamadas que ofrecen telefónicamente productos y servicios, responden
a reclamos o dudas de los usuarios, realizan encuestas o sondeos de opinión. Actualmente,
casi todas las empresas, desde bancos hasta tarjetas de crédito, pasando por
empresas telefónicas y la administración pública y otros, los han incorporado a
su paquete de servicios.
De manera tal
que en la actualidad este
sector emplea a 100 mil personas, aproximadamente, en su mayoría jóvenes
que acceden a su primer trabajo.
Pero, detrás de todo esto, se esconde un oscuro negocio que crece a
costa de las precarias condiciones que sufren sus trabajadores, quienes se
encuentran totalmente desprotegidos, sin una legislación que los ampare, sin
posibilidades de afiliarse a un gremio o un sindicato y ante la mirada de una
sociedad que ha naturalizado el hecho de que miles de personas deban sustentarse
a costa de sufrir esta situación
Mano de obra buena y barata
La devaluación
convirtió a La Argentina en un paraíso para el crecimiento de estas empresas. De hecho, antes de la crisis de 2001,
ya existían los call centers en nuestro país. Luego de la privatización de los
teléfonos, Telefónica y Telecom comenzaron a utilizar este
sistema para ofrecer servicios especiales.
Lo novedoso,
es que a partir de este hecho aparecen los call centers off shore, es decir aquellos utilizados por empresas
multinacionales que se instalan en La Argentina, favorecidos por la diferencia
cambiaria. Las principales marcas que lideran esta franja del rubro son Atento, Teletech, Action Line,
Teleperformance, Apex América y
Telecom
Así, sueldos
aproximados a 3,50 dólares la hora argentina compiten ventajosamente con
México, donde se paga 4,25 dólares la hora, y con Chile, donde el valor es de
5,60 dólares la hora.
Un situación de
semejante pauperización de los salarios como esta , solo puede ser posible si hay
un marco legal o institucional que lo avale. De hecho, a
través de la página oficial de la Subsecretaría
de Desarrollo de Inversiones del Ministerio de Relaciones Exteriores,
Comercio Internacional y Culto de la Nación, se señala como punto positivo: “un tipo de cambio competitivo y una
estructura de precios relativos beneficiosa aseguran costos favorables en
materia de comunicaciones y de otros insumos básicos que demandan las
actividades de software y servicios informáticos (oficinas, electricidad,
instalaciones, entre otros). La relación costo-calidad de los recursos humanos
resulta sumamente atractiva tanto en términos regionales como a nivel
internacional”.
Pero, no se
trata solo de una cuestión de bajos costos. Un dato decisivo que acompaña esta
ventaja, es que no se trata de cualquier mano de obra la que se consigue tan
barata: Argentina lidera los rankings de escolarización de recursos humanos con
niveles terciario, universitario y multilingües de la región. Las empresas
además remarcan una “afinidad cultural” del país con Europa y Estados Unidos,
que se traduce en mayor calidad de los recursos humanos.
Señala un informe de lavaca.org
sobre el tema, que este fenómeno “tal vez
forma parte de un mapa sociológico. Los trabajadores de call centers se criaron
con las promesas primermundistas sobre la globalización, la competitividad,
ganadores y perdedores en la sociedad de la información, el flujo veloz de
datos y mercancías, trabajadores del conocimiento conectados en red, más
libres, calificados y bien pagos, y demás balbuceos que tuvieron su momento de
éxtasis –localmente- durante el menemismo. Las familias invirtieron lo que
pudieron en preparar a sus hijos, agendarlos y formatearlos para esa lógica,
que termina mostrando esta faceta del outsourcing y el marketing internacional,
desde un garaje oscuro, en negro, tercerizado y sin cobertura legal”.
Evaluando el disciplinamiento
Uno de los aspectos más desagradables de esta actividad es que quienes la realizan
son sometidos a un estricto control por parte de los supervisores. En efecto,
quien ingresa en un call center recibe, en principio, un “entrenamiento” en el
cual se aprenden el manejo de las herramientas informáticas y sobre todo se introducen
las normas de disciplina.
En este
sentido, Valeria
Guglielmetti, ex empleada de Teletech
de Rosario, señala que “Había una tabla de comportamientos que esperaba el cliente que uno
tuviera, durante las llamadas. Dentro de esos comportamientos había una escala
numérica que iba del 1 al 5, siendo el 1 inaceptable y el 5 excelente. Esa
tabla la aplicaba un sector especializado dentro del call center, que es la
parte que se encarga de control de calidad: gente que está escuchando todo el
tiempo las llamadas y poniendo puntaje en cada uno de esos comportamientos. Por
lo cual, es totalmente subjetivo, depende de cada evaluador".
Por otra parte, la recepción
de los pedidos telefónicos es constante: "Todas las
llamadas son en continuado; los supervisores se encargan de contralar que uno
no se quede en estado de pausa o sin tomar llamadas, ni siquiera por un período
de tiempo mínimo". Esto, sumado a la presión que ejercen el personal
superior, produce diversas enfermedades o molestias físicas; es muy común que los empleados de call centers sufran de dolores de cabeza, de oídos e incluso
problemas psiquiátricos.
Y por si esto fuera poco, no hay ninguna posibilidad de saldar esta situación
debido a que estos trabajadores no se encuentran reconocidos como telefónicos, sino
como empleados de comercio, “con lo cual todos los aumentos o
negociaciones que hacía el gremio (de telefónicos), no se traducían al básico,
o lo dejaban como no remunerativo”, afirma Valeria. Además, agrega, “existía la política de la empresa de
despedir a toda persona que se afiliara al sindicato. Nosotros teníamos un
sindicato pero no nos podíamos afiliar, porque se sabía que a la persona que se
afiliaba la despedían”.
En
definitiva, en un call center el trabajo más que un proceso de
producción, se traduce en un proceso de control, en donde importa más el
cumplimiento de las normas impuestas, que la efectividad de los
resultados. Todo esto por un sueldo magro, que no sirve para
contrarrestar las secuelas físicas y las presiones psicológicas
generadas por esta tarea. Por ello, es
necesaria una legislación a nivel nacional que fije condiciones dignas de
trabajo, con horarios fijos, sueldos en blanco y proporcionales a la tarea
que realizan estos trabajadores; así como también, la afiliación a un sindicato que contemple estos
derechos y las necesidades que surjan a partir de todo tipo de conflictos en
esta actividad.

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