Atento Movistar no tiene prácticamente país sin estorbar, ahora le toca a nuestros amigos de El Salvador, posteamos un excelente informe periodístico hecho por la gente de ContraPunto. Acá va:
El crecimiento de las “Call Centers” ha ido acompañado de quejas desde su fuerza laboral Por Roberto Flores
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| Imagen tomada de contrapunto.com.sv |
SAN SALVADOR-
Antes de ser despedido Saúl Navarro resolvía problemas desde un
cubículo que medía un metro cuadrado. Un monitor, un teclado, un mouse, y
una diadema (que incorporaba en un solo dispositivo micrófono y
audífonos) se desplegaban sobre su escritorio, frente al cual colocaba
su silla. Un lugar desde el cual, asegura, presenció los intentos por
forzar la evolución del ser humano hacia una máquina.
En
2008 Saúl inició en ese lugar su primera experiencia laboral con apenas
21 años. Una experiencia que lo llevó a conocer casos que terminaron
repitiéndose en varias ocasiones: compañeras desmayadas por la presión
laboral, humillaciones vía teléfono a las que no se les podía colgar,
almuerzos que se consumían en tiempos récord (cinco minutos en
promedio), una disciplina corporal para adecuar las necesidades
fisiológicas a las restricciones para ir al baño, y despidos seguidos de
nuevas contrataciones que se daban con una frecuencia de al menos seis
meses.
En
2011, tras participar en la conformación de un sindicato con el que
pretendían poner freno a esas situaciones, Saúl fue despedido. Trabajó
tres años en la empresa Atento, filial en El Salvador de la empresa de
capital español Telefónica, una multinacional de servicios de
telecomunicación que forma parte de uno de los sectores de la economía
que más crecimiento ha registrado en el país en los últimos años, el de
servicios.
Sin
embargo, ese crecimiento, según los miembros de la seccional de Atento
del Sindicato de Industria de Trabajadores de la Comunicación
(SITCOM-ATENTO), ha significado para los trabajadores y trabajadoras de
empresas como la filial de Telefónica, una serie de abusos laborales
que han ido convirtiendo a los centros de llamadas (“Call Centers”) en
los nuevos centros de explotación del siglo 21.
De
acuerdo a datos de la Agencia de Promoción de Exportaciones e
Inversiones de El Salvador (PROESA), el sector de servicios fue uno de
los que mejor desempeño tuvo en las ventas del país al exterior durante
2011, representando un 20% de las exportaciones salvadoreñas ese año.
Según
el director de PROESA, Giovanni Berti, los servicios que prestan los
Call Centers son los que más demanda tienen en el exterior, lo cual ha
significado un aumento durante la última década del número de empresas
que llegan al país para invertir en ese rubro.
Ese
crecimiento, destacan las autoridades de economía, se traduce en
generación de trabajos: entre 4 y 5 de cada 10 empleos formales del país
son generados en el sector servicios, que emplea, en su mayoría, a
jóvenes.
“Hay
que reconocer que lo países como el nuestro han venido generando una
calidad de mano de obra que permite proveer servicios tal cual lo
demanda el mercado mundial a un costo relativamente menor”, señala
Berti.
Esta
mano de obra, añade, es fundamentalmente gente joven “porque este
sector, a diferencia del sector tradicional de producción de bienes, es
mucho más flexible: es flexible en horarios, en demandas, en tiempos, y
eso ha permitido que jóvenes estudiantes se incorporen”.
La
de Berti es una visión sobre el crecimiento del sector servicios cuyo
enfoque cambia cuando se observa desde otro punto de vista. Francisco
Gómez, actual secretario general de ATENTO-SITCOM, lo ve desde la
posición que ocupó por tres años en la empresa ATENTO: la de trabajador
de uno de los Call Centers que más tiempo tienen de funcionar en el
país.
Al
igual que Saúl, Francisco reconoce que la fuerza laboral de los Call
Centers está compuesta en su mayoría por jóvenes, de entre 18 y 25 años,
quienes ven en estos lugares la oportunidad de acceder a su primer
empleo.
“Si
tenés más de 26 años, es posible que te consideren, pero ellos
necesitan fuerza de trabajo joven, que conozcan de comunicaciones”,
asegura.
Pero
Saúl y Francisco destacan algo sobre el trabajo que prestan los jóvenes
que son empleados en esos centros: “es mano de obra bien calificada
pero mal remunerada”.
En
Atento, Saúl y Francisco aseguran que ganaban en promedio $1.37 la hora
en las cuentas diurnas (la empresa trabaja con distintas cuentas, en
horarios diurnos y nocturnos), un sueldo que si se suman las horas de
trabajo al mes y se consideran los descuentos por prestaciones laborales
alcanza cerca de $160 dólares al mes, aseguran.
Pero
la ganancia máxima se logra a través del bono, un valor agregado al
salario base al cual se puede acceder si el trabajador alcanza el
rendimiento que se le exige, una meta difícil de alcanzar si se toma en
cuenta que en promedio un operador del área de atención al cliente debe
atender en su turno hasta 120 llamadas, según dicen los dirigentes de
ATENTO-SITCOM.
“Cuando está así de saturado el servicio, no te dan los tres minutos de descanso por cada hora”, señala Saúl.
Francisco
tuvo la oportunidad de visitar Brasil como parte de la actividad
sindical que realiza, la cual lo ha llevado a conseguir apoyo de otros
sindicatos en otros países del mundo. En el país suramericano –explica–
cuando una persona recibe una llamada tiene 30 segundos de descanso
antes de recibir otra llamada.
“Acá
no, cuando recibís una llamada, la cortas y luego inmediatamente
recibís otra”, se queja. Una situación que, según dice, implica recibir
“una carga de estrés incontenible”.
A
eso, Saúl y Francisco le suman los dificultosos parámetros que hay que
alcanzar para poder acceder al bono. “Hay gente antigua que recibía
bonos hace algunos años que ahora se quejan porque le ponen parámetros
de evaluación que son difíciles de alcanzar”, asegura Saúl.
“A todo mundo les están calificando bajo parámetros que hacen parecer que uno es una máquina”, añade.
Los
bonos, según Saúl, pueden variar dependiendo de la cuenta en la que se
esté. Algunos pueden alcanzar los $50, pero en ocasiones se dan
situaciones que él califica como risibles. “A final de mes te dicen
‘usted lo bonificó todo, pero le vamos a dar cinco dólares de bono’; eso
es ofender a su empleado”, asegura.
“Existe
una gran presión para ganarse el bono –explica Saúl– que te provoca un
gran estrés, y en ocasiones al final no te lo ganás. Hay gente que
incluso llora por no haberse ganado el bono”.
Es
la misma necesidad que existen los jóvenes por conseguir el primer
trabajo que lleva a tolerar en un primer momento esas situaciones, según
los sindicalistas. “Los jóvenes como es su primer trabajo no saben cómo
defender sus derechos; no se ponen a pensar que ellos dan un servicio
de calidad”, insisten.
La estabilidad laboral es otro de los puntos hacia los cuales los dirigentes de ATENTO-SITCOM dirigen sus críticas.
“Te
contratan y te despiden, te contratan y te despiden… es un tendencia
que se da por lo menos cada seis meses, son contados con los dedos de la
mano quienes tienen más de un año en cada cuenta que maneja la
empresa”, indica Saúl.
Ambos
miembros de ATENTO-SITCOM aseguran que este es un comportamiento con el
cual la empresa busca librarse del pago de las indemnizaciones
correspondientes, al igual que los aguinaldos y las vacaciones pagadas.
En
ocasiones los traslados que se hacen de trabajadores y trabajadoras de
una cuenta a otra generan problemas por la falta de capacitación de los
empleados trasladados a áreas en donde llegan a realizar un trabajo
distinto al que realizaban en la cuenta anterior.
“Pasan
gente de atención al cliente a servicio técnico, eso no se puede hacer
así no más porque no esa gente no está capacitada”, dice Francisco.
Los
costos los termina pagando el empleado: “habían clientes que llamaban y
decían que los atendiera gente experta no ellos (los recién
trasladados).Te humillaban por no tener los conocimientos del área al
que te trasladaron”, recuerda el secretario general del sindicato.
Situaciones como se traducen para los empleados, según dicen los dirigentes sindicales, en problemas de salud.
Según
Saúl, “es cierto que no existe un movimiento físico como en una
maquila, en donde estás cociendo y al final te duele la espalda; pero
también es cierto que existe una gran presión psicológica, un gran
estrés, un esfuerzo mental”.
“Presión”
es la palabra que ambos jóvenes utilizan para describir las condiciones
laborales a las que se enfrentaban. Esa presión y las consecuencias que
generaba en sus compañeros y en ellos mismos, llevó a que ambos
jóvenes, junto con otras cinco personas más, comenzaran a pensar en el
sindicato.
Saúl
recuerda una experiencia en particular: una de sus compañeras comenzó a
sentir malestares asociados con el período menstrual. Solicitó permiso
para ir al baño, el cual le fue negado. Unos minutos después, su
compañera se desmayó. Cayó al suelo frente a la línea de cubículos desde
el cual se encontraba realizando su trabajo junto a sus compañeros.
Tiempo después, Saúl y sus compañeros comenzaron a formar el sindicato.
Saúl
y Francisco tenían 24 años cuando en sus mentes nació la idea del
sindicato. Ahora, un año después, hablan de sus orígenes y de las luchas
laborales con una seguridad tal que recuerda a los dirigentes
sindicales de hace treinta años, en pleno apogeo de la organización
social durante la dictadura militar.
El
sindicato no fue una idea única, aseguran. Fue producto de la
indignación compartida de tres compañeros que trabajaban en el área de
asistencia técnica de Atento y de otros cuatro que prestaban servicios
de atención al cliente.
Poco
a poco, y con asesoría de organizaciones como el Centro de Estudios y
Apoyo Laboral (CEAL), el sindicato fue tomando forma hasta que logró
inscribirse como una seccional del SITCOM en el Ministerio de Trabajo.
Francisco
asegura que en aquel momento la respuesta de la patronal de Atento era
obvia: seis de los siete directivos del sindicato recién formado fueron
despedidos. Se dejó a una persona para evitar que se los despidos fueran
tomados como una actitud sindical, explica. De hecho, fueron más allá
al despedir a otras 30 personas para simular un despido colectivo y no
un ataque al sindicato.
Tres
días después, un equipo de inspección del Ministerio de Trabajo realizó
una visita sorpresa a Atento. Un acta elaborada al final de la
inspección hace constar la infracción en la cual la empresa había
incurrido: se había violado el artículo 248, referente a la protección
que gozan los directivos sindicales, al despedir a 6 miembros de la
junta directiva de ATENTO-SITCOM.
Se
exigió a la empresa que se pagara el pasivo laboral y que se entregara
la indemnización por fuero laboral, que implicaba dos años de salarios.
La empresa prefirió pagar la multa, que asciende a $50, asegura Saúl.
Desde
entonces los sindicalistas de ATENTO han librado una batalla por su
reinstalo y la mejora de las condiciones laborales en la empresa, una
lucha que ha sido reconocida por los sindicatos de la empresa Telefónica
en todo el mundo.
De
lo directivos originales del sindicato ahora solo quedan tres: Saúl,
Francisco y otra trabajadora que continúa trabajando en la empresa.
Aseguran que el apoyo de los trabajadores y trabajadoras de ese Call
Center persiste, pero señalan que aún hay que superar el miedo que
enfundó la empresa cuando los despidieron. Pero continuarán insistiendo,
según dicen, hasta que sus compañeros atiendan de entre tantas
llamadas, la de la organización sindical.
Fuente: ContraPunto

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